Compartir el Goce

 

Compartir el goce nace del placer de disfrutar algo tangible, como una comida o algún momento especial (un viaje, una ocasión, un logro, un proyecto, etc), junto a otras personas.  Si tuviera que definir cómo se siente diría que es una emoción o "efervescencia" que se produce al mirar a quien está a tu lado y ver en sus ojos lo bien que la está pasando al igual que vos. También lo siento como una energía de alta vibración que contiene al individuo, porque sólo yo soy capaz de sentir por mí pero que también lo trasciende, al incluir o integrar al otre.  

Me recuerda a la carta de la Participación del Tarot de Osho Zen:

Si prestamos atención se puede ver a cuatro "personas" o figuras con las manos hacia el centro, formando un mandala de colores. Las manos están puestas en una forma de recibir (con la palma izquierda mirando al cielo) y dar (con la palma derecha hacia abajo, hacia la tierra o la fuente). 

En el intercambio cada parte es importante y cada ser es singular, único en el mundo y no hay otro igual en la existencia. Lo que interpreto como las diferencia en el color de cada figura. 

Sin embargo, el todo será mucho más grande que la suma de las partes. Hay una participación colectiva en contribuir a ese "todo" y crear algo más grande.

Somos individuos pero vivimos en comunidad. Es decir, somos seres sociales y por eso no debemos abusar del aislamiento (a veces necesario para la reflexión) o reproducir sin conciencia el  hiperindividualismo capitalista   
que sólo piensa en sí mismo y no se identifica como parte de un todo.

La potencia de la comunidad es muy poderosa, son lazos energéticos con la capacidad de crear algo nuevo y destruir lo obsoleto. Pensemos en grandes hitos sociales como la revolución de Haití, la revolución Francesa o las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, que han trazado el rumbo de la historia.

Ver al otro, reconocerlo, saberse parte de algo más grande y hacer red desde los lugares en los que te sientas segure o quieras explorar es urgente. Porque la red sostiene, nutre, da fuerza y tiene una capacidad de alcance mucho más grande que la que podría tener un individuo aislado. Buscar el balance entre la individualidad y lo colectivo es un camino.

Compartir el goce, es sin duda uno de los mejores momentos de saberse y sentirse con otres. Esta reflexión surgió en un viaje con amigues, donde estuvimos en las Sierras de Córdoba, disfrutando del agua del rio, sus ollas, su verde y su constante fluir. 

 En varios momentos del viaje me reconocí disfrutando y reivindico la propia "gestión de los placeres".  Sin embargo, cuando están esos otres el placer se desborda, porque una felicidad compartida es mucho más grande que una felicidad individual, es inmensa. Es como si la luz de cada une rebotara en el pecho de quien tiene al lado. Es una fragancia que se percibe.

A mis amigues que están leyendo esto: Gracias! Fuimos felices y lo sabíamos, por eso disfrutamos cada momento. Siempre voy a recordar sus caras de niñes, a nosotres jugando y esa complicidad. 

Y a vos, queride lector te pregunto ¿en qué situaciones viviste algo así?; ¿en qué momentos compartiste el goce? o ¿con quienes quisieras crear?; ¿en qué espacio o lugar te gustaría participar?

 EJERCICIO: te invito a que te tomes un momento de meditación, introspección y de respiración conciente para que puedas conectar con la energía del recuerdo o con aquello que te gustaría vivir, haciendo foco especialmente en el cómo quisieras sentirte junto a esos otres.  

Luego, si asi lo deseas, puedes volver a utilizar el recuerdo o este ejercicio cada vez que quieras impulsar un proyecto en conjunto, extrañes a esos otres, estés buscando a un/a maestro/a o quieras recibir ayuda de la tribu.  

Gracias por llegar hasta acá y compartir conmigo esta reflexión. Espero que te sirvan mis consejos.

HASTA LA PRÓXIMA! :)

 Dai

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